Hijos superdotados: cómo vivir con un pequeño “genio” en casa


Heidi Hankins tiene cuatro años y es la última incorporación de la Asociación Internacional de Superdotados, Mensa. Es que la niña, con tan sólo dos años, sabía leer, sumar y restar, sin que nadie le hubiese enseñado. Y hoy, con cuatro años, la niña inglesa tiene un coeficiente intelectual (CI) de 159, prácticamente el mismo que tuvo el científico Albert Einstein.

El promedio de CI de un adulto “normal” es de 100. Sin embargo, consultada por Infobae.com, la licenciada en Psicología Cecilia Lotero (MN 37589) prefiere no hablar de los superdotados como niños que no son normales.

Es que para la integrante del Instituto de Psicología Argentino, este tipo de niños “son muy avanzados desde lo intelectual, pero suelen ser inmaduros en su aspecto emocional. No saben coordinar eso que les pasa con sus emociones. Las cosas que hacen sus amigos les resultan aburridas”.

“El crecimiento tiene una lógica. Se espera que un chico camine a determinada edad, aprenda a leer a determinada edad, y así con cada etapa”, explicó Lotero, quien diferenció que con este tipo de niños ocurre que “a veces van más rápido de lo que deberían por su edad, y los papás se dan cuenta de que algo pasa con sus hijos”.

Acerca de la manera en que se espera que reaccionen los padres, la especialista consideró que “acompañarlos siempre” es la actitud primordial. “No incentivarlos en exceso ni tampoco inhibir su crecimiento intelectual. Los padres tienen que acompañarlos en las actividades que los niños quieran hacer”, aconsejó.

Según Lotero, es tan nocivo que un padre crea que su hijo es brillante y entonces lo exija por demás, como que lo inhiba y trate de apaciguar el conocimiento que tiene, simplemente por no saber cómo manejar esa especie de “niño genio” que crece a su lado.

“Hay que incentivar el desarrollo intelectual de los menores en la medida en que ellos quieran saber”, insistió.

El presidente ejecutivo de Mensa, John Stevenage, cree que los padres de Heidi “identificaron correctamente su gran potencial”.

En palabras de Stevenage, el propósito de la organización es facilitar un ambiente positivo para el desarrollo de sus miembros más jóvenes ya que, en ocasiones, los niños superdotados prefieren rodearse de gente mayor a estar con niños de su edad.

Para la especialista consultada, esto ocurre porque estos niños “se intelectualizan tanto que parecen muy racionales y se aburren rápido”. Es por eso que, para ella, “es importante desde la niñez hacer un aprendizaje para madurar sus emociones”.

En ese sentido, Lotero planteó que al niño superdotado “no hay que tratarlo como especial”.

Y acerca de la relación con los hermanitos, consideró: “Todos tenemos una capacidad que podemos desarrollar. Cada uno tiene su inteligencia y los padres deben incentivar los potenciales de cada hijo”.

En el caso de Heidi, sus padres percibieron que no desarrollaba las mismas habilidades que los niños de su edad. Iba mucho más allá. Su padre, Matthew Hankins, contó que “comenzó a realizar intentos para hablar desde el mismo minuto en que nació, aunque obviamente no podía verbalizar nada”. “Cuando empezó a hablar, antes de cumplir un año, utilizaba oraciones completas”, aseguró.

“Tenemos que encontrar la manera de mantenerla motivada, porque sabemos que será extremadamente importante. Le enseñarán a colorear, mientras ella ya será de capaz de leer libros diseñados para niños de 8 años”, reconoció el hombre.

Según Mensa, entre los signos de un niño superdotado se encuentran la memoria poco común, aprender a leer a temprana edad, tener una relación de cierto rechazo hacia otros niños y estar constantemente haciéndose preguntas.


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